Las aromáticas clásicas: lavanda, tomillo y romero

A medida que se hacen los días más largos, en la Península Ibérica, se hacen más atractivos los paseos por el campo. En ese caminar por la naturaleza, tres de las plantas que más pueden pasar desapercibidas, por su pequeño tamaño; pero que también suelen ser de las que más se disfrutan, por el aroma que desprenden, son tomillo, romero y lavandatres de las aromáticas más extendidas y conocidas. 

El romero, la lavanda y el tomillo pueden considerarse las clásicas de las aromáticas. Son fáciles de cultivar, tienen momentos de esplendor en su belleza visual y dan placer a otros sentidos como el olfato.  

En el campo es muy fácil toparse con estas plantas, y agradable pasar cerca de ellas, por el perfume que las caracteriza. 

En los jardines, son sencillas de cultivar, eso sí, las variedades comerciales, pues es muy recomendable respetar las que nacen en los entornos naturales, además de que estas variedades silvestres no se adaptan igual a un ambiente cuidado y controlado. 

Con las plantas aromáticas se pueden crear combinaciones e incluso áreas de especies diferenciadas, para poder disfrutar de una manera más pura de cada una de las esencias que precian a estas plantas.

Romero

Lavanda


Floración preprimaveral

En pleno invierno, pero como antesala de la primavera empiezan a florecer en ciertas partes de la Península Ibérica los frutales, y otra serie de plantas. Este año la humedad está facilitando este proceso, ya que normalmente si llueve no hiela, y si helara muchas de las flores se echarían a perder.
Es un momento para disfrutarlo visualmente. Los árboles nos regalan su más bella estampa. En muchas zonas, el primer frutal en mostrar su más pura belleza es el almendro. El siguiente en florecer quizá sea el albaricoque. 
En la provincia de Salamanca se festeja este momento con la fiesta del almendro en muchos lugares donde abunda este frutal y su floración tiñe el paisaje de blanco. 
La floreada estampa se convierte en un reclamo turístico también en el Valle del Jerte y en otros lugares donde el cerezo, posteriormente comenzará a deslumbrar con su presencia. 
Esta es una manifestación comunal de la naturaleza, que de forma aislada no sería igual, pues cada árbol por sí solo no consigue ese valor añadido que es el punto fuerte que llama la atención del ser humano que quiere deleitarse con tal belleza natural.